232 grados: el papel está que arde.

10 Mar

451º Fahrenheit es la temperatura a la que arde el papel (233 grados centígrados), temperatura a la que aludía Ray Bradbury en su novela con el mismo título, en la que una brigada de pirómanos bomberos hacían todo lo posible por quemar cualquier libro. He titulado este artículo con un grado menos de la medida fatídica  porque en los últimos meses parece que esta subiendo tanto la temperatura que el límite máximo está próximo. Como víctimas de un grupo de bomberos extraídos de las novela de Bradbury se tratara, muchos medios, incluidos diarios gratuitos y de pago, han cerrado en los tres últimos meses, por no hablar de otras muchas publicaciones de menor tirada y relevancia que también lo han hecho y lo harán en este año apocalíptico.

¿Ha perdido la batalla definitivamente el papel? ¿Solo queda un pequeño empujoncito para que alcancemos la temperatura de la combustión total? Bajo mi punto de vista, NO, mas que les pese a los agoreros y pirómanos. Aunque el panorama de los medios nunca más va a volver a ser el mismo, ni volveremos a recuperar la situación anterior a esta crisis salvaje, en parte retroalimentada por el pesimismo de los propios medios. Es muy probable que las generaciones ahora conocidas como “Y” y “Z” es decir los menores de 30 años o nativos digitales muy probablemente nunca se van a encontrar atraídos por el papel, pero ¿acaso nos van a enterrar o vamos arder todos los que superamos esa edad? Soy el primero que me siento atraído y fascinado por las Nuevas Tecnologías y tuve la suerte de empezar mi carrera profesional a finales del siglo pasado en empresas de Internet, su avance es incontestable y la revolución que ha supuesto para el periodismo ha cambiado para siempre la forma de hacer una de las profesiones más antiguas del mundo. Pero la pervivencia del papel también tiene mucho que ver con el éxito de Internet y su sinergía constante.

Publicidad y patatas

Son muchos los datos que se ofrecen sobre la inversión publicitaria en Internet y todos ellos apuntan a crecimientos constantes, sin embargo,  para la mayor parte de los medios, grandes o pequeños, los beneficios y el break even están lejos de alcanzarse. Entonces ¿Quién se los está llevando? Porque como siempre alguien gana, y como siempre, quienes se lo llevan calentito suelen pasar desapercibidos y salen poco en la foto. Para encontrar la respuesta podemos volver al mundo off line y al principio de los tiempos. Pongamos por ejemplo un campo de patatas, el agricultor invierte tiempo, dinero y trabajo duro en comprar la mejor simiente, labra su tierra con gran esfuerzo, siembra, trilla, escarda, riega, mira con temor el cielo cuando hay tormenta y con suplica cuando no llueve, para que meses más tarde pueda recoger los frutos de su trabajo. Entonces llegan los intermediarios y le dan diez céntimos por kilo, sin embargo, llegan al mercado y los consumidores pagan ochenta céntimos ¿Quiénes se está quedando con la diferencia? Volvamos ahora al mundo de los medios de comunicación. El editor de un medio digital tiene que invertir dinero en comprar equipos, hosting, dominios, CMS, por un lado; por otro lado tendrá que invertir en un equipo de periodistas que realicen los contenidos lo suficientemente interesantes para atraer a los lectores –sin ellos, no hay publicidad que no se nos olvide-, además deberá abrirse hueco en un mercado donde compite con millones de páginas web de todo tipo. Bien, pues después de todo ese esfuerzo, llegarán los intermediarios y les venderán a los anunciantes, que son los que compran, un precio muy superior al de la patata caliente informativa que han pagado a los sufridos agricultores/editores. ¿No es hora de que nos agrupemos como ya lo están haciendo algunos agricultores y vendamos directamente?

Con todo esto, lo que quiero advertir es que hay que tener mucho cuidado con los que solo apuestan por Internet, puesto que no es oro todo lo que reluce, y que hacer una medio digital es relativamente fácil pero la fragmentación y la competencia son salvajes. Las publicaciones en papel cambiarán pero seguirán contando con un espacio de prestigio y credibilidad, aunque solo sea para los carcas de las generaciones X, W, V.

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Una respuesta to “232 grados: el papel está que arde.”

  1. kioskero febrero 1, 2013 a 2:25 pm #

    Comparto la esencia del escrito, pero con matices.
    Decía una antigua máxima comercial que ” el buen paño en el arca se vende” y ese es el quid, el buen producto.
    Me gustaría recordar el dialogo entre Alicia y el gato en Alicia en el país de las maravillas.
    Alicia: ¿ podrías decirme, por favor, que camino debo seguir para salir de aquí?
    Gato: Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.
    Alicia: No me importa mucho el sitio…
    Gato: Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes.

    Y con respecto a los intermediarios, claro que sobran, pero sobran los que sobran- los distribuidores- que son aquellos que casi nada contribuyen, ni le aportan ningún valor al producto, ni al cliente final y que han pasado de ser meros transportistas a “prostituir torticeramente” la cadena de venta.

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